\ La historia de Neisi Dajomes - Periodismo Ecuador

Su entrenadora y también pesista Mayra Hoyos recuerda que Neisi llegó con 11 años al gimnasio de pesas Gustavo Llerena Gavilanez —nombre de uno de los promotores de la halterofilia en Ecuador—, que está asentado en una pequeña ciudad de Pastaza (oriente del país), llamada La Shell por la empresa petrolera que inició el poblado. La pequeña tiene cinco hermanos y llegó al gimnasio siguiendo a uno de sus hermanos mayores. “Creo que entrenó unas dos semanas y no vino más, decía que se va a hacer feo el cuerpo, que se va a quedar pequeña”, cuenta Hoyos. “Yo fui a su casa y le expliqué que no era verdad que su cuerpo se iba a dañar y le convencí para que entrenara una semana más”. Y esa semana no acabó nunca.

La niña al poco tiempo de volver al gimnasio participó en un control de topes de pesas en la costa ecuatoriana y empezó a entusiasmarse. En ese viaje, además, conoció el mar y eso la marcó profundamente. “Luego comenzó a entrenar y entrenar, eran unos diez niños, pero ella sobresalía. Walter Llerena (el otro entrenador del gimnasio) y yo nos dimos cuenta del potencial que tenía”, dice Hoyos.

Neisi participó en su primer campeonato mundial a los 13 años. Fue en Perú, en 2011, y quedó en octavo lugar. Ese mismo año ganó el campeonato panamericano y sudamericano en la extinta categoría infantil de hasta 15 años. “Nosotros no creíamos el progreso tan rápido que tuvo Neisi”, dice la entrenadora. “Yo creo que es la sangre, eso es lo único que puede explicar la fuerza que tienen Neisi y sus hermanos. Son de naturaleza fuertes”.

Neisi Dajomes en una foto de su perfil de Facebook.
Neisi Dajomes en una foto de su perfil de Facebook.

Los padres de la pesista son refugiados colombianos y llegaron a Ecuador hace más de 20 años y aquí tuvieron a cinco de sus seis hijos. Pero justo cuando Neisi comenzaba a despuntar, ellos comenzaron a tener problemas y su madre quiso volver a su país de origen. Pero los entrenadores la convencieron para que dejara a su hija en Ecuador y así fue como la deportista empezó a vivir en la casa de uno de sus entrenadores.

La madre finalmente se quedó en Pastaza y hoy tres hermanos de Neisi también practican la halterofilia. La hermana que le sigue, de 16 años, también estuvo en Georgia y compartió el podio con Neisi. La joven pesista, además, se ha convertido en un puntal para la economía de su familia, ahora que es una deportista de élite gana en torno a los 3.000 dólares y ayuda en casa.

La mamá de Neisi falleció en 2019, lo que llevó a que la joven pesista dejara de entrenarse unos días, antes de esforzarse para dejar el dolor de lado y celebrar la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Lima. También, según contó en declaraciones recogidas por el Comité Olímpico Ecuatoriano, perdió a su hermano Javier Palacios: “(Es) por quien estoy aquí y todos mis logros son dedicados a su memoria. Agradezco a mi país por esa buena vibra que me enviaron. Esta medalla es gracias a Dios”.

La deportista ya dio el primer susto para sus entrenadores y protectores en los Juegos Panamericanos de Toronto. Se desmayó en el primer intento en envión, luego de levantar 121 kg. Pero volvió y en sus dos intentos restantes pudo levantar 123 kg y 125 kg, y sumados a los 100 kg que había logrado en arranque, logró un total de 225 kg y se llevó la presea plateada. “Ella es una guerrera, eso no lo hace cualquiera”, dice Hoyos. “Con su primer intento ya tenía el bronce, pero ella quería la plata y desoyendo al médico salió a pelear por la plata”.

La entrenadora vio el desmayo desde el público, porque no fue parte de la delegación oficial, y solo después supo que el desvanecimiento se debió a que Neisi no había comido nada desde la noche anterior porque tenía un par de kilos y tenía enfrentarse a la báscula antes de competir.

La pesista de 23 años hizo historia al convertirse en la primera mujer de Ecuador en recibir una medalla olímpica. Y quiso dedicar el triunfo a la memoria de su madre y su hermano, fallecidos en 2019 y 2018, respectivamente.

Y es que a todos los pesos que ha levantado sobre sus hombros – en Tokio levantó 118 kg en arranque y 145 kg en envión, para un total de 263 kg – se suma el peso emocional de una dura tragedia familiar.

Con información: El Universo, El País, Comité Olímpico. 

Por Redacción

Periodismo e investigación

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