24 de octubre de 2020

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El candidato en tiempos de Covid19 y corrupción

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El segundero del reloj avanza más rápido de lo usual. En especial para quienes aspiran a ser candidatos en los comicios de 2021. Pronto, el 17 de septiembre de 2020, está previsto que se realice la convocatoria oficial a las elecciones generales en Ecuador.

En los movimientos emergentes, partidos políticos tradicionales, aspirantes y quienes construyen la estrategia electoral prima la incertidumbre. La pandemia del COVID-19 y los últimos casos de corrupción han sido como grandes rocas zambulléndose en un estanque. Sus ondas provocaron un remezón en todo el sistema político tradicional y alteraron la hoja de ruta.

Si bien los recursos digitales, en especial el manejo de redes sociales, conquistaban cumbres en la comunicación política y el marketing antes de la crisis, estos aún no eran reconocidos como un elemento esencial de una campaña. Sin embargo, el confinamiento social aceleró la migración a lo ‘online’ y adquirieron mayor relevancia.

Casi de forma paralela, la crisis sanitaria desnudó lo peor de la política. Los actos de corrupción avivaron la indignación y el hartazgo de la ciudadanía a los líderes tradicionales.

Desde esa hoguera pública, algunos líderes políticos comienzan a desistir de sus candidaturas conscientes de que no se puede entrar a una guerra electoral sin tener una ventaja estratégica, como el caso de Jaime Nebot, del Partido Social Cristiano.

Esto alimenta la creencia de que un ‘outsider’ de la política puede irrumpir y aglutinar a la mayor parte de fuerzas emergentes y atraer la simpatía del electorado. ¿Qué características deberá tener este ‘outsider’? Al menos tres, si el escenario no varía radicalmente, como se ve en el horizonte.

Uno. El candidato debe saber moverse en el mar de lo digital. Eso implica más que solo ponerse frente a una cámara. Debe entender y creer en la interacción como base la comunicación. Los electores no quieren ser solo espectadores sino protagonistas de las campañas.

Dos. El candidato debe tener el capital político, ético y moral, para liderar una cruzada en contra de la corrupción, acudiendo al arquetipo de justiciero; de esa figura firme, frontal, sin miedo, que castiga al que se aprovechó de su cargo para beneficio propio.

Tres. El candidato debe ser pragmático y cercano. Los electores se cansaron de los discursos, de los ofrecimientos. No les basta con que alguien prometa más plazas de trabajo. Necesitan saber cómo se conseguirán esas plazas, en qué tiempo, para quiénes, cuál será el costo.

Los candidatos y los equipos que estén dispuestos a cambiar de ‘chip’ y aprovechar los recursos digitales para hacer una mejor política; más participativa, transparente y personalizada, serán quienes podrán tener más oportunidades para ganar. El resto habrá perdido una gran oportunidad para escribir la historia del marketing electoral en tiempos de Covid19 y corrupción.

Andrés Jaramillo

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