Economía

La Fundación Teatro Sucre destina el 84.4% de su presupuesto municipal al pago de remuneraciones

Un estudio realizado por el Observatorio de Gasto Público, con el cual este medio tiene un convenio para temas de investigación, detalla que apenas un 12% del presupuesto anual destinado a la producción de obras y la mayoría se gastó en dos óperas. Los sueldos de los músicos van de los USD 600 a USD 800. 


Más del 85% del presupuesto anual de la Fundación Teatro Nacional Sucre (FTNS) se financia con dinero público proveniente de las arcas del Municipio de Quito. Dicho de otra forma, los quiteños financian el Teatro Sucre. Este año, el directorio de la Fundación aprobó un presupuesto de USD 4’110.000 dólares y, de esta cifra, USD 3,5 millones provienen de fondos municipales, mientras que los USD 610.000 restantes se obtienen de la autogestión, principalmente de los ingresos por taquilla.

De los USD 3,5 millones que los quiteños le entregan a la Fundación a través de la Secretaría de Cultura del Municipio, un 84.4% se destina al pago de remuneraciones del personal. De acuerdo al último registro de la entidad, con cierre al mes de noviembre, 240 personas trabajan en la FTNS y para el pago de sus sueldos se destinó este año la suma de USD 2’953.900. 

El 9.2% de los fondos municipales entregados se destina a producción de obras; y, el restante 6.4% se reparte entre cuatro áreas: técnica, comunicación, administrativo y jurídico. 

El talento humano del Sucre 

La lista de trabajadores en el Teatro Nacional Sucre incluye músicos, instrumentistas, personal técnico para el manejo de luces y sonido, profesionales audiovisuales, utileros, personal administrativo, de contabilidad y de mantenimiento, entre otros. Son USD 228.586 mensuales destinados al pago de este equipo, sin contar ingresos adicionales. 

La remuneración unificada para un asistente de vestuario, siendo el sueldo más bajo en la FTNS, es de USD 403,70. Un operador de luces puede ganar unos USD 900, lo mismo que un camarógrafo o la asistente de dirección artística. 

Los sueldos de los músicos van de los USD 600 a los USD 800 mensuales. Ingresos mayores perciben los instrumentistas (músicos que se especializan en tocar un instrumento) con sueldos desde los USD 918 a los USD 1.200. Sueldos superiores perciben coordinadores, supervisores y los cargos directivos como el de Lucía Patiño Loayza, directora artística ejecutiva de la FTNC, con USD 4.500. 

Menos del 10% para producción de obras 

Apenas un 9.2% de los recursos que la FTNS recibe del Municipio se utiliza para la producción de obras, es decir, USD 321.220. A este rubro se incluyen otros USD 180.000 adicionales de fondos por autogestión, sumando un total de USD 501.220. 

El total de estos fondos se distribuye un 36% para logística, 33% para la temporada anual de teatros, un 22% para Desarrollo de la creación, 6% para la programación conjunta y 3% para la educación y formación públicos. 

Llama la atención la distribución de estos recursos, considerando que cerca del 88% del total se destinó en la producción de apenas un par de obras: dos óperas presentadas en el Teatro Nacional Sucre a un costo de USD 439.561,50 incluido IVA. 

Se trata de La flauta mágica y La cara de la luna, cuya convocatoria y venta en taquilla no logró cubrir sus gastos de producción. En ambos casos destaca la contratación de personal extranjero, cuyos pagos por la participación en estas producciones destaca y supera en más del 100% a los pagos destinados para los artistas nacionales en las mismas obras.  

La flauta mágica de los Andes 

El Teatro Nacional Sucre presentó en 2018 una adaptación ecuatoriana de una popular ópera creada originalmente por el compositor austriaco Wolfgang Amadeus Mozart, en 1791, combinando elementos propios de la cosmovisión andina. 

En Quito, este año, las funciones se realizaron durante 10 días, en diferentes jornadas y horarios, entre el 14 junio y el 28 de octubre. Su producción requirió de una inversión de USD 286.808 y, como una forma de “recuperar” este desembolso, se estableció el cobro de entradas de USD 20, USD 30 y USD 50. 

La puesta en escena de esta obra requirió un gran esfuerzo para su diseño escénico: vestuario, luces y marionetas, dirección musical y escénica. Se confeccionaron 585 piezas de vestuario, diseñadas en España y elaboradas en Ecuador. También se diseñaron y construyeron, entre Quito y Madrid, un total 90 marionetas que cobran vida en esta historia. Participaron los 40 músicos de la Orquesta de Instrumentos Andinos y 59 cantantes, en su mayoría miembros del Coro Mixto Ciudad de Quito, la Escuela Lírica, el Coro Juvenil y el Coro Infantil de la Fundación Teatro Nacional Sucre. Todos dirigidos por la estadounidense Carmen-Helena Téllez. 

Del total invertido, un 32% provino de los recursos públicos (USD 93.117) y un 68% de la autogestión de la FTNS (USD 193.691). En pasajes, hospedajes, transporte de los artistas, viáticos, escenografía, vestuario y maquillaje se gastó USD 88.764. En contratos con artistas nacionales se gastó USD 60.220, mientras que, en la contratación de personal extranjero, fuera de gastos de traslado y demás, se pagó USD 132.156, una cifra que duplica la anterior. 

Una vez terminadas las presentaciones, el total recaudado en taquilla fue de USD 129.506, tan solo el 45% de lo invertido, generando una pérdida de USD 157.299.  

Cruzar la cara de la Luna 

Esta segunda ópera presentada en 2018, financieramente hablando, tiene características similares a la anterior: una producción a pérdida, cuyas ventas en taquilla no cubrieron los gastos de producción. Nuevamente, los pagos por contratos a artistas extranjeros son superiores al pago de los nacionales. 

Se trata de una ópera mariachi, creada en 2010 para conmemorar el Bicentenario de Independencia de México. Su trama borda la historia de una familia de inmigrantes divida por la frontera de Estados Unidos y México. Esta producción se presentó en el Teatro Nacional Sucre del 20 al 23 de septiembre y requirió una inversión de USD 152.753, financiados, de igual manera, con recursos públicos y fondos de autogestión. 

No se registran gastos de hospedaje, transporte, ni viáticos, lo que reduce el costo considerablemente. Se destinó USD 16.229 para el pago de pasajes internacionales, escenografía, vestuario y maquillaje. 

Para el pago del personal nacional se destinó USD 55.275 y para la contratación de colaboradores extranjeros, USD 81.247. Aunque la diferencia es mínima comparada a la registrada en La flauta mágica de los Andes, un primer reclamo se hizo presente en las redes sociales. 

La concejala Ivonne Von Lippke, se pronunció afirmando que dichas contrataciones no reflejan un impacto positivo en la ciudad. “Los artistas nacionales que trabajan con la Fundación Teatro Nacional Sucre no son bien pagados, ni valorados; los extranjeros que vienen no siempre llegan con la misión de compartir sus conocimientos, porque tampoco les contratan para eso”, detalla la concejal. “En una sola ópera, la Fundación gastó un valor similar al que el Municipio de Quito destinó en todo un año para apoyar a artistas y gestores culturales”. 

Excepciones existieron en esta obra, pues se contrató a la regisseur Beth Krynicki, reconocida en el mundo de la música por ser la regidora principal del Washington National Opera, donde trabajó por 21 años. Además, trabajó 15 temporadas con la Compañía de Opera de Wolf Trap y 12 temporadas con el Spoleto Festival USA (Carolina del Sur), entre otros cargos. Krynicki, además de trabajar en Cruzar la cara de la Luna, también dictó un taller práctico intensivo de Stage Management, mismo que tuvo un costo para los asistentes: USD 350 por persona. Al taller asistieron 12 personas: tres pagando inscripción y nueve funcionarios auspiciados por la Fundación. “Es un precio excesivo para quien labora en el sector de las artes escénicas”, comentó Von Lippke. 

Las puertas cerradas 

Luego de un mes de tocar las puertas del Teatro Nacional Sucre, el equipo de la directora de la Fundación, Lucía “Chía” Patiño, dijo al equipo del Observatorio de Gasto Público que no daría declaraciones sobre la información presentada en este informe. Esto luego de ofrecer citas en diferentes ocasiones, mismas que nunca se concretaron. 

Tampoco fue proporcionada documentación alguna por parte del Municipio de Quito, entidad a la que se presentó una solicitud de información, conforme la Ley de Transparencia lo establece. 

El Observatorio de Gasto Público, en su misión por transparentar el uso del dinero que los ecuatorianos confían a la administración pública, solicitó una entrevista con el secretario de Cultura del Municipio de Quito, Pablo Corral Vega, con el fin de conocer los presupuestos destinados en 2018 y años anteriores para los gestores de la ciudad, pero debido a los ajetreos de Fiestas de Quito, el funcionario no pudo atender. 

Semanas más tarde se insistió, pero se nos informó que se encontraba fuera del país y que en su lugar podría recibirnos Stalin Lucero, actual director de Creatividad y Patrimonio de la Secretaría, quien estaba como encargado. La entrevista nunca fue confirmada. 

Hasta el viernes 14 de diciembre se esperó una respuesta por parte de las autoridades respecto a la administración de fondos por parte de la Fundación, y las razones del porqué más del 80% presupuesto de la producción de todo un año se destinó a solo dos óperas que no generaron ganancia y resultaron en pérdida, pero la respuesta no llegó. 

Para el jueves 13 de diciembre, Patiño debía comparecer ante el Concejo Metropolitano por este tema, pero la repentina ausencia de concejales en medio de la sesión, provocó la suspensión de la misma por falta de cuórum.

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