Moradores de la urbanización Cashapamba preocupados por llegada del ELN

Entre la molestia y el temor se debaten los vecinos de la urbanización San Ignacio de Cashapamba, situada en Sangolquí, hasta donde se llega después de un viaje que puede tomar más de media hora desde el centro de Quito.

No todos estaban enterados ayer de que la quinta que queda junto a sus residencias fue el lugar escogido para las negociaciones entre el Gobierno de Colombia y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) para poner fin al conflicto armado de esta organización en el vecino país.

“Todos estamos por la paz, pero queremos que a nosotros también nos respeten nuestra paz”, fue la primera reacción de Pedro, uno de los residentes de unos 60 años de edad que pidió no ser identificado por temor a represalias.

Él calificó la decisión, que fue anunciada el lunes por el canciller, Guillaume Long, de “inconsulta”. En el lugar no hay sitios de alojamiento para extraños, y a la quinta solo se puede acceder pasando primero entre el condominio, pues no dispone de una entrada independiente.

En la urbanización residen unas 50 familias, quienes pagan un servicio de guardianía privado que les garantice su seguridad y que se encargue, entre otras funciones, de controlar el ingreso y la salida de vehículos en el portón de rejas metálicas. En su mayoría son casas de dos plantas que están valoradas entre 120.000 y 200.000 dólares.

Esteban (55 años), otro de los residentes, aseguró que nadie les ha informado todavía del asunto, pero dijo que para ellos esto supondría un punto final a la tranquilidad a la que por años estaban acostumbrados.

“Nos vamos a topar con los secuestradores, guerrilleros y no solamente eso porque no vienen solos, tienen que venir los guardias de seguridad y cosas por el estilo”, manifestó el hombre que en sus ojos y ademanes con sus manos reflejaba su asombro con la noticia.

Instalaciones

Dentro de la quinta, ayer se adelantaba la instalación de cámaras de seguridad por parte de personal del 911 y trabajos de pintura. Había andamios colocados y un movimiento continuo de operarios que ultimaban los detalles, según constató un equipo de este Diario al que no se le permitió permanecer en el lugar.

La instalación se compone de dos casas, con jardines, camineras, canchas de fútbol, de básquet, estacionamiento, piscina, áreas para picnic y un enorme terreno elegante y bien cuidado. El sitio le pertenece a la Universidad Católica.

Allá suelen acudir sus empleados para recrearse, pero también se lo alquila para matrimonios u otro tipo de eventos sociales. Cuando esto ocurre, Pedro y Esteban indican que se les vuelve un “dolor de cabeza” por el movimiento y el ruido.

De allí que, lejos de entusiasmarlos, la noticia de que serán vecinos del sitio que podría ser trascendental para la historia de Colombia, los intranquiliza y piden al presidente, Rafael Correa, que escoja otro espacio.

“Si el Presidente ofreció, entonces él era de que destine un local en el Ejército, en la Unasur, para que no haya problemas. ¡Cómo van a poner aquí! ¡El Presidente debía ser más pilas, cómo van a meter en una urbanización privada!”, acotó.

Los residentes están conscientes de que una negociación de este tipo no es cuestión de días o semanas, pues recuerdan que en el caso de los diálogos con las FARC y el Gobierno colombiano que se dieron en Cuba el proceso llevó más de tres años.

Daniel Guamba, otro de los vecinos de 35 años de edad, duda de que este lugar sea el más apropiado y cree que los niños de la urbanización ya no podrán salir a jugar o a pedalear en sus bicicletas por las tardes, después de clases, como están acostumbrados.

“Yo vivo aquí unos cuatro años con mis papás. Me gusta todo, es tranquilo, no quiero que esto cambie”, comentó mientras se dirigía a la Universidad, donde estudia ingeniería mecánica.

También entre quienes trabajan en el sitio hay incertidumbre. Rocío Toapanta (28 años), quien se dedica al cuidado de dos ancianas en el condominio, y Franklin Morales (30 años), que se dedica a la jardinería, señalaron que desconocen de lo que se trata. Es un lugar donde cada casa tiene su jardín y en medio de los árboles se escucha el canto de mirlos y gorriones.

NOTA ORIGINAL: LA HORA

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