¿Cómo fue la noche en la que asesinaron a Karina del Pozo?, un relato que estremece.

Ayer se negaron las medidas sustitutivas a la prisión de dos de los cinco jóvenes detenidos. Sin embargo, todos los testimonios coinciden en que ellos no participaron en el asesinato.

¿Quiénes son estos jóvenes? Tienen entre 19 y 25 años y viven el momento; intercambian sexo casual sin complicaciones ni compromisos; tampoco sus relaciones de amistad, a juzgar por lo que dicen unos de otros, son demasiado firmes; consumen alcohol y drogas; incursionan en uno u otro trabajo, no dan muestras de sentir pasión por lo que hacen; los estudios no parecen ocupar un espacio demasiado importante en sus vidas; alguno entrena artes marciales pero no se lo toma con calma, como prescribe la filosofía oriental: todo lo contrario; son violentos, explotan fácilmente; llegado el caso, uno o varios de ellos pueden transformarse en asesinos.

Este es el retrato robot que se desprende de los cinco testimonios vertidos el pasado 5 de marzo, ante el fiscal Vicente Reinoso, por los cinco involucrados en el asesinato de Karina del Pozo: el caso que conmocionó a la ciudad. Sus nombres: Gustavo Salazar, David Piña, José Antonio Sevilla, Nicolás León y Cecilia Rivera. La noche del 19 de marzo estuvieron en el vehículo que condujo a Karina hacia su último destino: un terreno baldío y oscuro junto a una quebrada en Llano Chico. Uno de los tres primeros la asesinó. Quizá fueron dos de ellos, o todos. Tendrá que determinarlo el juez. Por el momento, entre los tres se acusan mutuamente. Leer sus testimonios es sumergirse en los abismos más oscuros del alma humana. Sus historias son contradictorias y macabras pero, sobre todo, incomprensibles. ¿Por qué la mataron? Probablemente ni siquiera ellos sabrían explicarlo.

La historia comienza en la tarde del 19 de marzo, en una empresa aseguradora de vehículos. Gustavo Salazar y su madre hacían trámites ahí porque el auto familiar había volcado días atrás. Los acompañaban José Antonio Sevilla y David Piña. Los tres no se separarían hasta la madrugada del día siguiente.

Piña, de 25 años, era el mayor del grupo. El testimonio de Sevilla apunta claramente que lo temían: era grande, fuerte, hacía artes marciales y se echaba fama de buen peleador. Durante toda la tarde un amigo común, Juan Pablo Vaca, había estado llamando a Salazar y a Sevilla para invitarlos a su casa por la noche, con la advertencia de no llevar a Piña. Él había llamado también a dos amigas y no quería que el karateca intentara seducirlas. No pudo ser: Piña se coló. Los tres llegaron al departamento de Vaca en la Granda Centeno, donde los esperaban ya, junto al dueño de casa, Cecilia Rivera y Karina del Pozo, bebiendo vodka. Poco después llegó otro amigo, Nicolás León, que hacía mucho fue novio de Cecilia.

En el departamento de Vaca hubo alcohol, marihuana y sexo. Cecilia y Nicolás estuvieron largo rato encerrados en el baño; José Antonio y Karina, dice él, bajaron al subsuelo del edificio de departamentos y “una cosa llevó a la otra”. Cuando se fueron de ahí (los testimonios no son claros en las horas pero se puede calcular que fue después de la medianoche) todos habían bebido hasta emborracharse pero no lo suficiente como para perder la conciencia. Una botella de ron apareció una vez terminado el vodka, así que todos estaban en estado happy, como describe Cecilia Rivera.

Hasta ese momento, los cinco testimonios coinciden en lo esencial. Está claro que Juan Pablo Vaca se quedó en su departamento y los otros cinco subieron al vehículo que conducía Gustavo Salazar; que en el puesto del copiloto se sentó José Antonio Sevilla; que las dos chicas iban en medio de los chicos: Cecilia junto Nicolás León y Karina junto a David Piña; que Cecilia y Nicolás se quedaron, por turnos, en sus casas respectivas; que Karina se durmió en el asiento trasero del vehículo; en eso coinciden todos. Lo que viene después es un mar de contradicciones, salvo por un detalle: Karina se quedó dormida en el asiento trasero del vehículo acompañada por Salazar, Sevilla y Piña. Solo se despertaría al fin del viaje, en el terreno baldío de Llano Chico donde fue asesinada. ¿Por quién?

Por Piña, asegura Salazar, el dueño del vehículo. Según él, fue Piña quien le dijo adonde ir: un descampado sin vigilancia policial donde podrían seguir bebiendo (esos supuestamente eran los planes); fue Piña, y sólo Piña quien descendió con Karina del vehículo y se perdió con ella en la oscuridad mientras él y Sevilla se quedaban esperándolos; y fue Piña quien ahorcó a la chica y luego completó tu trabajo con una piedra. Él solo y sin ayuda.

“José Sevilla y mi persona nos quedamos en el carro cuando empezamos a escuchar unos gritos, luego nos bajamos para ver qué es lo que pasaba y David Piña nos dijo váyanse más arriba que este no es su asunto. Yo les pregunté a David Piña y Karina del Pozo si todo estaba bien y David me respondió: ¿quíeres saber cómo se mata a una puta? Yo le dije: pero qué te pasa, y David Piña me respondió: tú sabes que yo tengo novia y tú sabes qué hizo esta putita esta noche. Luego yo estaba asustado y me fui al carro con José Sevilla y escuchábamos que Karina le decía a David: sabes que yo te quiero, hemos sido novios antes…”. Según el testimonio, para cuando se volvieron a acercar a la pareja, Karina estaba llorando tirada en el piso y David se puso a ahorcarla e intentó romperle el cuello mientras los dos testigos estaban “en shock”. Finalmente, buscó una roca y le golpeó con ella en la cabeza.

Piña lo niega. Él no recuerda nada, tan borracho dice que estaba . Simplemente, se subió al carro con los demás y fue el tercero en quedarse en su casa, dejando a Karina en compañía de Salazar y Sevilla. Y no sabría nada de lo ocurrido después sino fuera porque en el Centro de Detención Provisional, donde los tres compartieron celda días más tarde, los escuchó confesar su crimen mientras fingía dormir: “empezaron a hablar de lo que habían hecho y decían que José Antonio Sevilla le violó a la chica y Gustavo Salazar dijo que tenían que matarle porque o si no después se iban a enterar. Gustavo dijo que primero le habían ahogado y que como no se moría le dio piedrazos, pero se estaba riendo como haciendo cháchara”.

José Antonio Sevilla cuenta una historia bien distinta. El no solo no violó a Karina: horas antes, en el departamento donde se juntaron todos, tuvo sexo con ella con su consentimiento. Ya en Llano Chico simplemente se paró a mirar como los otros dos asesinaban a la mujer con la que había compartido la intimidad esa misma noche. Su versión deja entender que Piña lo tenía todo previamente decidido, que cuando les condujo por esas oscuras calles rumbo al terreno baldío, estaba enojado y ya sabía que la iba a asesinar. “Ya van a ver lo que le pasa por puta”, les dijo mientras ella dormía.

“Entre Gustavo y David dijeron: matémosla. Y Gustavo se subió encima de Karina y le empezó a ahorcar. Yo del susto se me pasó la chuma y les dije: qué van a hacer, no sean imbéciles. Y David Piña se regresó y dijo: cállate tú, chucha, si no te vas a meter lárgate al carro. Yo me fui al carro y se demoraban bastante. No sabía qué estaban haciendo”.

¿Cuál de estas tres versiones es la verdadera? El juez tendrá que establecerlo. Pero ¿conseguirá la sentencia responder las preguntas esenciales del caso? Es decir, no sólo quién asesinó a Karina, sino por qué. Tres jóvenes fueron capaces de tomar la vida de una chica (o de contemplar su asesinato sin mover un dedo) quizá porque, en su limitado entendimiento, se trataba de una puta. Es un tema que concierne a toda la sociedad, un debate pendiente que lo atraviesa todo: desde los modelos de educación hasta los mensajes de publicidad. Porque ¿de qué otra forma, sino es con el consentimiento de todos, se reproducen estos esquemas mentales en los jóvenes del país?

Las medidas sustitutivas de la prisión, denegadas

El juez Décimo Primero de Garantías Penales de Pichincha, Raúl Martínez, no aceptó la solicitud de medidas sustitutivas a la prisión preventiva para María Cecilia Rivera (en la foto) y Federico Nicolás León, dos de los cinco detenidos por la muerte de Karina del Pozo, joven de 20 años que fue hallada muerte en una quebrada el pasado 27 de febrero.

Cerca de las 09:00 de ayer se instaló la audiencia en la Unidad de Vigilancia Norte, en Carapungo, ante el juez Martínez, en medio de gritos de apoyo y enfrentamientos verbales entre familiares de la joven asesinada y de la única mujer detenida en este caso, María Cecilia Rivera.

En hora y media de audiencia, Stalin López, abogado de Rivera, insistió en que, según todos los testimonios, su defendida se bajó del vehículo en el que se movilizaban los jóvenes antes de que se cometiera el asesinato.

Además señaló que el fiscal que lleva el caso, Vicente Reinoso, se allanó a la solicitud de sustituir la prisión por otras medidas, pues en su investigación no encontró hechos que la vinculen con el crimen.

Los principales sospechosos del crimen (Manuel Gustavo Salazar, José Antonio Sevilla y Geovanny David Piña), coinciden en que León fue el segundo en dejar el vehículo y que no fue a Llano Chico donde ocurrió el asesinato de Karina.

El juez Martínez no aceptó estos argumentos y ratificó la prisión preventiva para los detenidos.

La defensa de los dos detenidos analizan nuevas acciones, la próxima semana presentaran un amparo de libertad para Rivera y León.

Hoy

Redacción

Periodismo e investigación

Un comentario sobre “¿Cómo fue la noche en la que asesinaron a Karina del Pozo?, un relato que estremece.

  • el 11/21/2014 a las 7:30 AM
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    Estos hp.deben que marsen todos vivos y los que mataron alas dos hermanas en onduras malditos sean todos estos animales

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