Bono Electoral

Definitivamente, y sin posibilidad de estar equivocado, el bono de desarrollo humano se ha convertido en algo así como un patrimonio común de los últimos gobiernos. Desde su promulgación, no han existido más que intentos demagógicos por perpetuar su existencia.Mahuad se encargó de patentar la idea y sus sucesores en el poder, la desarrollaron, aumentaron y maquillaron como ayuda humanitaria, cuando siempre ha sido, el mayor remiendo de la omisión estatal.

Fue Guillermo Lasso el que lanzó al tablero político, la idea de un nuevo aumento al bono. Prometió subirlo a $50, si llega hasta Carondelet en el 2013. Bastaron sólo días, para que Correa asumiera como suya la demagogia de Lasso, e incrementó el bono a los prometidos $50. No creo que Correa haya decidido el incremento en respuesta a Lasso, es más bien, una propuesta de lo más común en nuestros políticos, cuando se avecinan contiendas electorales.

Luego fue Lucio que juró ante el país, destronar las cifras de Correa y Lasso, y propuso sin más, un bono a $65. Que no nos sorprenda que en los próximos días, sea Álvaro Noboa, el que dicte una nueva grosera cifra, en aras de satisfacer su sed electoral.

¿Pero qué hace el Estado y este Gobierno por intentar desaparecer el bono? Pues entre tanto aumento y poco raciocinio, bien podríamos decir, que nada. El bono, es una medida necesaria pero que debe ser erradicada mediante la creación de fuentes empleo y una mejor distribución de la riqueza, todo esto claro, sobre la base del emprendimiento. Sólo mediante estudios socioeconómicos y una constante supervisión del uso del dinero suministrado, colaborarán a su desaparición. Pero la realidad ecuatoriana es otra, pues el bono no es invertido en educación y salud, sino para otras tantas situaciones banales.

El bono y sus efectos, no hacen más que crear un sistema parasitario, entre los ciudadanos y el Estado. Cierto es que grandes masas populares requieren de esta ayuda económica para subsistir dentro de la miseria, pero no puede ser una herramienta de demagogia ante la necesidad de clientelismo electoral. La metedura de mano en los fondos de la banca privada, no tiene sustento jurídico alguno. ¿Cómo puede pretenderse satisfacer una obligación pública, mediante el uso de fondos privados? Con seguridad, se violará el sigilo bancario y el Estado tendrá acceso ilimitado a nuestros datos, cuentas y ahorros, pues como sabemos, siempre es más fácil gastar el dinero ajeno. Que sería de los políticos si no hubiesen pobres.

@ItaloSotomayor | irreverenciapolitica@hotmail.com

Redacción

Periodismo e investigación

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