¡Ay Julian!

Por: Italo Sotomayor

Londres se niega a dejar de acaparar la atención de la comunidad internacional, tras la culminación de los Juegos Olímpicos. Ahora, es gracias a la ayuda del intrépido Julian Assange y del Gobierno ecuatoriano, quienes ayudan a  enfocar las cámaras y los flashes hacia nuestra Embajada en esa ciudad británica. Les ruego me permitan dar una opinión anticipada sobre este caso, pero creo que lo del asilo, sí que fue olímpico. Y es que el tema de Assange resulta más complicado de lo que realmente parece. Un asilo diplomático que a fin de cuentas, merece ser analizado haciendo uso de herramientas jurídicas, y no más, con afectos o desafectos políticos. Sin embargo, este no ha sido el lineamiento de la política exterior nacional durante estas semanas, lo cual, permite avizorar cómo se dio y se está dando, este asilo al tantas veces cuestionado Assange.
Que complicado ha resultado definir una postura tolerante en cuanto a este asilo, pero recordando los postulados sobre Derecho Internacional Público, Tratados Internacionales, Derechos Humanos y la siempre infalible experiencia histórica, es sencillo esgrimir comentarios más aterrizados. La historia entre Correa y Assange, nació luego de la entrevista que este último le hizo al presidente, en su programa “El Mundo del Mañana”, en el que ambos gastaron minutos en recurrentes críticas a Estados Unidos. Es obvio y notorio, que esa camaradería no quedó estancada tras la entrevista, sino que es de suponer, que ambos o a través de emisarios designados por ellos, resolvieron el otorgamiento de asilo. La tranquilidad con la que Julian violó la libertad bajo fianza para ir a refugiarse a nuestra Embajada, deja mucho que pensar. ¿Y que gana Correa con todo este asunto? Pues imagino que tendrá de primera mano todos los cables diplomáticos publicados por Wikileaks y una que otra información que llegue a su redacción.
Por otro lado, es importante que nos remitamos a la realidad jurídica de la figura del asilo político. Bien sabemos que el otorgamiento de asilo está descartado cuando se trata de delitos comunes. Es precisamente de la comisión de un delito común de lo que se le acusa a Assange en Suecia; se lo solicita para que rinda confesión por una supuesta agresión sexual. Lo que sí es algo contradictorio, es que en ocasiones anteriores, los funcionarios judiciales suecos sí han tomado declaraciones o confesiones desde embajadas, pero en este caso, expresaron una rotunda negativa. Cabe también mencionar, que  casi a raíz de la publicación de los cientos de miles cables diplomáticos que fueron publicados por Wikileaks, se le acusó a Assange del delito antes descrito. Nada raro que se utilice al sexo como herramienta de persecución política y judicial, si no, pregúntenle a Dominique Strauss-Kahn.
Es claro que el asilo es una institución milenaria del Derecho Internacional Público, y como tal, merece respeto por todos los Estados que conforman la comunidad mundial. El otorgamiento de asilo, es una potestad discrecional del Estado asilante, y a su vez, es una decisión exclusiva y excluyente. Ecuador, al resolver el otorgamiento de asilo, merece completa tolerancia por parte de los Estados intervinientes en este caso, es decir, Australia, Gran Bretaña, Suecia y Estados Unidos. De acuerdos o no, con la decisión de Correa, estos países deben asentir dicha resolución. Aquel fallido último intento de los británicos por aplicar una ley de 1987 para desconocer la figura del asilo y lo que es aún peor, desechar los principios de la Convención de Viena sobre la inviolabilidad de las misiones diplomáticas, no provoca más que repudio. Sin duda alguna, recibimos una amenaza disfrazada de mensaje diplomático. Resulta improcedente e ilegítimo, que se intente invadir una embajada por satisfacer los caprichos políticos de los países intervinientes en esta coyuntura. De forma infantil, intentaron persuadir mediante el uso de la fuerza, la decisión ecuatoriana en torno a este tema. Al menos en este punto, Correa supo manejarse con certeza para dejar en claro, la grave intención británica.
A continuación, resumiré en cinco económicos puntos, los que creo son los principales apartados del problema que he analizado en estas líneas. Primero, los comentarios de Correa y su extralimitada crítica al sistema judicial sueco, son desmesurados en su totalidad. Al parecer, Correa ha sido eclipsado por la causa Assange y ha criticado sin más, a uno de los poderes estatales de ese país. Son comentarios innecesarios, que dañan terriblemente las relaciones que en todo sentido tenemos con ellos. Segundo, el salvoconducto necesario para que Assange salga de la Embajada sin ser capturado, es tan poco probable que sea otorgado que creo que deberíamos dejar de insistir en esa idea. Los británicos no están dispuestos a desconocer la alianza milenaria que tienen con Estados Unidos, por el simple hecho de proteger el interés de un país y de un ciudadano. Cuidado y Assange, termina convirtiéndose en el Víctor Raúl Haya de la Torre de nuestro tiempo. Tercero, es indudable que Estados Unidos tiene intereses en Assange. El silencio que han guardado durante todo este tiempo, sabemos que no es gratuito. El Gobierno estadounidense utilizará todos los medios posibles para en algún momento lograr la extradición de Assange y ajusticiarlo bajo un tribunal inquisidor que lo sentencie a cadena perpetua o la pena de muerte. No seamos ingenuos, los gringos siempre tienen malas intenciones, mucho más con quienes se atreven a desafiarlos. Cuarto, y pongan especial atención a este punto, el Tratado de Extradición firmado entre Suecia y Estados Unidos, no permite a los europeos, extraditar a un ciudadano a un país donde pueda ser víctima de pena de muerte. Por tal motivo, si Estados Unidos llega a requerirlo, este deberá prometer solemnemente que no aplicará dicha pena a Assange.
En conclusión, una vez realizado un exhaustivo análisis del caso Assange y haber sido blanco de esta noticia durante semanas, es preciso mencionar que el asilo otorgado es una exageración por parte de Correa. Es correcto defender los derechos humanos de un ciudadano a quien se lo persigue por ejercer un exceso de libertad de expresión a través de Wikileaks, pero para Correa es más importante un caso individual, que la realidad de otros tantos miles de ecuatorianos. La defensa de los derechos humanos y de la libertad de expresión, no han sido uno de los estandartes de este Gobierno. El Universo y otros tantos más, son el fiel reflejo de la exhaustiva persecución de Rafael a todo aquel que publique o comunique en contra de el. ¿Cómo pretenderá este Gobierno, renovar las preferencias arancelarias con Estados Unidos, luego del caso Assange? Un Congreso gringo resentido con nuestro país, es igual a cero privilegios comerciales. Aunque la dignidad y la soberanía no se venden ni están sujetas a los caprichos de los gobiernos internacionales, el hambre y la miseria seguirán siendo fieles compañeras de los ecuatorianos. ¡Ay Julian!, en qué encrucijada nos metiste.
irreverenciapolitica@hotmail.com

Redacción

Periodismo e investigación

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