Evo Morales a un paso de caer

Es un puñado de mujeres, esposas, madres y viudas de policías de bajo rango, que comenzó una huelga de hambre el jueves pasado, con demandas salariales para los uniformados, lo que desató un motín en Bolivia, irresuelto en su sexto día y que ha puesto en jaque al presidente.

Ellas están en las afueras de la Unidad de Tácticas de Operaciones Policiales (UTOP), el cuartel general de los sublevados a media cuadra de la plaza de Armas, en condiciones precarias. Duermen en la calle y se alimentan allí. Son unas 20 que activaron una revuelta mayúscula en uno de los países más pobres de la región.

“Estamos durmiendo aquí, en la calle, nos cubrimos con algunas frazadas, en la noche hace mucho frío e incluso me duelen los huesos”, dice Francisca, esposa de un sargento, y muestra a la AFP un colchón de paja donde entre varias se acurrucan para pasar la noche.

Mientras habla tímidamente esta mujer aymara, cubierta con varias prendas de vestir de colores para soportar el frío, relata los ingresos económicos de la familia: “Mi esposo gana 1.200 bolivianos (172 dólares), pero con los descuentos saca 700 bolivianos. Yo como empleada doméstica ganaba más, pero ya no puedo trabajar, porque mis manos están hinchadas”.

Francisca dice que tiene seis hijos, con edades que oscilan entre los 6 y 20 años, y que sus ingresos no alcanzan.

“Lo que ganan los policías es una miseria, no alcanza para nada”, dice por su parte Camila, de 46 años y madre de un policía, que se ha sumado a la protesta por un salario mínimo para el sector de 2.000 bolivianos, unos 287 dólares, que el gobierno del presidente Evo Morales considera casi inalcanzable.

Mientras se realiza la entrevista, llega la comida del almuerzo: perritos calientes o panchos, que en Bolivia aún siguen recibiendo su nombre original de “hot dog”; se los reparten, no tienen pinta de ser apetitosos, pero sirven para matar el hambre.

Gaseosas en vasos de plástico desechables son el acompañamiento. “Nos regalan (comida), vienen a ayudarnos, esto es el cariño de la gente”, relata a la AFP Guadalupe Cárdenas, viuda de un policía y líder de las mujeres, quien recibe casi a cada momento llamadas por celular.

Entre ellas circulan hojas de coca, mastican. Es la típica alimentación en situaciones extremas en Bolivia, porque provee nutrientes y mitiga el hambre.

Mientras descansan en las puertas de ingreso al cuartel UTOP, la calle está repleta de policías de bajo rango amotinados. Esperan noticias de un diálogo que han retomado con el gobierno, por su principal demanda salarial, y también reciben noticias de otras unidades sublevadas.

“La situación de los policías es de miseria, de bajos salarios, y de malas condiciones de trabajo”, dijo a la AFP el sociólogo e investigador, Carlos Toranzo, quien dice que esta situación influyó sobre el motín que ha puesto en jaque al gobierno de Morales.

Toranzo cree, además, que hay “una bronca contenida (de los policías) contra el gobierno”, porque “sienten que el gobierno es aliado de las Fuerzas Armadas; éstas reciben un mejor trato salarial y todo tipo de prebendas”.

Los uniformados han tomado entre 25 y 30 cuarteles y comandancias regionales y casi todos están “en emergencia”, que significa que su trabajo en las calles se ha reducido al mínimo.Terra

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