Una oleada de atentados en Bagdad reabre la herida sectaria en Irak

Los Hijos de una víctima lloran la muerte de su padres

La oleada de explosiones que esta mañana ha sacudido Bagdad y el atentado, horas después, contra un grupo de peregrinos chiíes cerca de Nassiriya, en el sur de Irak, son algo más que una muestra de la frágil seguridad del país, menos de un mes después de la salida de las tropas estadounidenses. Las cuatro bombas que han golpeado la capital han estallado en dos barrios chiíes, un claro mensaje a una comunidad cuya mayoría numérica le da el control del Gobierno, pero sobre todo al primer ministro Nuri al Maliki que está utilizando la carta sectaria para agarrarse al poder. Los ataques revelan también que la brecha entre suníes y chiíes continúa abierta nueve años después de que la invasión de EE UU sacara a la luz el precario equilibrio confesional que ocultaba la dictadura de Sadam Husein.

Según las agencias de noticias, dos coches bomba han causado al menos 16 muertos y 32 heridos hacia las nueve de la mañana en el barrio noroccidental de Kadhumiya, el principal santuario chií de Bagdad. Un par de horas antes, otros dos explosivos, uno de ellos escondido en una moto y otro en una cuneta, han matado a otras 13 personas y herido a 37 más en Ciudad Sáder, un inmenso suburbio situado al este de la capital iraquí. La policía ha asegurado haber desactivado dos artefactos más en las proximidades. Ciudad Sáder es el feudo del clérigo radical Múqtada al Sáder (a cuyo padre hace referencia el nombre), un apoyo clave para el Gobierno de Al Maliki.

El País

Redacción

Periodismo e investigación

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